Entre cuentos que cruzan fronteras y juegos que recorren el mundo, el Centro Comunitario Intercultural La Estación se llenó de vida, diversidad y aprendizaje con la celebración de “Cinco continentes, una escuela”. Una jornada donde las voces, las experiencias y las tradiciones de personas de distintos rincones del mundo se encontraron con la curiosidad y la ilusión de la infancia, creando un espacio de intercambio cultural.
En el marco de la Semana Cultural de la Escuela de Educación Infantil La Naranja, dedicada este año precisamente a los países el mundo, el proyecto Periferia-S junto al programa de Protección Internacional de Fundación Cepaim, llevó a cabo una actividad el pasado 24 de marzo que convirtió el aprendizaje en un viaje compartido. Todo ello fruto, además, del trabajo en red que se mantiene desde hace años con este centro educativo de Beniaján.
La mañana giró en torno a dos dinámicas principales que convirtieron el espacio en un punto de encuentro entre culturas y experiencias. La primera de ellas, “Cuentamundos”, puso en el centro las historias de vida y la memoria cultural. Participantes del programa de Protección Internacional en Beniaján, actualmente en proceso de aprendizaje del castellano, recopilaron cuentos tradicionales de sus países de origen, como Níger, Somalia o Malí. A partir de estas narraciones se creó un libro único compuesto por seis relatos breves de diferentes países, adaptados al lenguaje infantil pero respetando la esencia de cada cultura.
Durante la actividad, tres de estas historias fueron contadas por sus propios autores. Los niños y niñas escucharon con atención mientras cada narrador se presentaba, compartía su lugar de origen, recuerdos de su infancia o su comida favorita. Las ilustraciones de los cuentos se proyectaban en pantalla, creando un ambiente cercano y mágico. La experiencia se completó con la participación en un juego tradicional de Malí, en el que varios menores se implicaron con entusiasmo.
Esta dinámica fue especialmente significativa por el esfuerzo y la implicación de los participantes de Protección Internacional, quienes asumieron el reto de contar historias en un idioma que aún están aprendiendo. Su participación fue un ejemplo de superación, empoderamiento y valentía, demostrando que la comunicación va más allá de las palabras y que compartir cultura también es construir comunidad.

La segunda dinámica, “Nos vamos de viaje”, invitó al alumnado a recorrer el mundo a través de cinco paradas temáticas, cada una dedicada a un continente. Divididos en grupos dirigidos por sus respectivas maestras, los niños y niñas fueron rotando por los distintos espacios, donde pudieron conocer alimentos tradicionales, animales representativos, instrumentos musicales o juegos típicos de cada lugar.
Cada parada se convirtió en una pequeña ventana al mundo, guiada por una persona dinamizadora que acercaba los contenidos de forma lúdica y participativa. Además, cada niño contaba con un “pasaporte simbólico” que se iba sellando en cada estación, reforzando la idea de viaje y descubrimiento.



La actividad culminó como una experiencia profundamente enriquecedora, donde el aprendizaje se construyó desde la vivencia, la curiosidad y el respeto. “Cinco continentes, una escuela” no solo permitió a los más pequeños conocer otras realidades culturales, sino también valorar la diversidad como una riqueza.
Destacó también por su capacidad de generar encuentros reales entre personas de diferentes orígenes y generaciones, fomentando la inclusión, el respeto mutuo y el reconocimiento del otro. Un ejemplo inspirador de cómo la educación intercultural e intergeneracional puede sembrar desde la infancia valores fundamentales para una sociedad más abierta, empática y cohesionada.










































