VIENES O VAS????

Hola a todas y todos:

Fundación Cepaim ha puesto en funcionamiento una nueva página web llamada www.vienesovas.org

La misma surge como una propuesta en el marco del trabajo con Asociacionismo inmigrante que lleva adelante la entidad y su objetivo principal es mostrar la realidad de las migraciones desde una perspectiva global e integral para reflexionar de manera crítica sobre la postura personal ante el hecho migratorio.La idea es recopilar historias de viajes de diferentes personas que nos dejen sus experiencias y sus emociones, a través de textos y de fotografías, para poder tener un relato de sus vivencias en el viaje o cualquier otra cosa que quieran compartir con quienes visitan la web. En definitiva, para que entendamos que – de alguna manera – estamos en un viaje, que “venimos” de algún lugar y “vamos” hacia otro y que esta web nos ayude a entender a aquellas personas que, por diferentes circunstancias de vida, deben hacer su maleta para volver a empezar en una nueva tierra.Esperamos sea de vuestro agrado. Saludos.

SEGUNDA SALIDA.Conociendo Beniaján CASCO ANTIGUO / SAN ROQUE 25/septiembre/2013

El casco antiguo de Beniaján, arremolinado en torno a la iglesia de San Juan Bautista, despliega el trazado de sus calles destilando todavía la esencia de un tiempo no tan lejano en el que la vida bullía a cada paso. La Calle Mayor, su arteria señera, se adentra en la parte con más solera del pueblo y configura, aún hoy, su espacio social por excelencia. Está atestada de coches aparcados, empañando quizá su potencial como lugar de estancia y paseo. Al paso, sobreviven algunos de los comercios tradicionales que antaño se sucedieran como inigualable crisol de servicios en la zona, alternándose ahora con establecimientos regentados por inmigrantes y, en el peor de los casos, con bajos cerrados. El emprendedor local hace tiempo que ve su futuro sólo en las nuevas avenidas, en una diáspora que afecta a la inmensa mayoría de los cascos antiguos.

Llegamos al Atrio, donde se sigue encontrando la gente en un ir y venir de vecinos que hoy todavía genera la farmacia, la carnicería de toda la vida, la caja de ahorros, o correos… y en los últimos años, también el locutorio, el bazar chino, o la carnicería marroquí. Pero sobre todo, si algo ha generado y sigue generando movimiento en la Calle Mayor, es la actividad parroquial.

Tocan las campanas convocando a la Misa de la tarde y vemos como entran unas mujeres al templo. Otras mujeres, éstas con velo, aguardan en una puerta anexa a la de la iglesia; se trata de Cáritas, que se nos presenta como el primer gran punto de encuentro de nuestra ruta: a pesar de ser un organismo católico, en él se da cita gente de cualquier confesión… y de todas las nacionalidades.

También en los salones parroquiales encontramos a un grupo de feligreses en plena faena, en este caso al frente de la restauración del patrimonio religioso local. Sobre la mesa de trabajo, la talla de la Virgen del Rosario, que deberá estar lista en unos días para poder salir en procesión durante las rogativas que cada domingo de octubre, al amanecer, recorren los barrios del pueblo. Nos sorprende gratamente esta actividad y nos da muchas pistas de cómo nos gustaría que se generase actividad en La Estación: una persona con un conocimiento y una motivación busca un espacio en el que poder compartir ambas cosas con otras personas que quieran acercarse. Busca el lugar y cierto apoyo y se crea el grupo que van alimentando semana tras semana entre ellos y ellas. Y así funciona la autogestión, esa palabra que suena tan bonita y tan difícil puede parecer a veces pero que al final no es otra cosa que aquello del “querer es poder”.

San Roque

Cae la tarde y en un rincón del castizo barrio de San Roque, estratégico por la brisa que acompaña su tertulia, un corro de señoras nos recibe con agrado. Son ‘sanroqueras’ de toda la vida y probablemente lleven reuniéndose en este mismo punto todas las tardes desde hace décadas. Algo han oído de lo que se cuece en la Estación, pero no se han acercado a ver lo que hay “de momento”… La salud ya no acompaña, dicen, y aunque se organizaran bailes como los que cada domingo llenan de bote en bote el Hogar del Pensionista, no creen que pudieran asistir. Hablamos luego de inmigración, lo que junto a la vejez parece ser para ellas el otro gran efecto que ha alterado la vida cotidiana del vecindario. “Nosotras ya no somos las que fuimos, ni el barrio tampoco”, nos dicen.

Paseamos y vemos que la mitad de las casas, casi todas antiguas, están cerradas. No hay comercio, y del portón de la carpintería de toda la vida, abierta de par en par, no sale el menor ruido de la sierra. Menuda diferencia con aquellos tiempos que T., otra vecina, nos contaba, cuando el barrio estaba lleno de gente y cada viernes todas las familias se juntaban a comer en la calle trayendo cada cual lo que tenía por casa, y terminaban a las tantas “arreglando el mundo”. Lo que no ha cambiado es la idoneidad de unas calles apenas sin tráfico, precisamente, para servir de punto de encuentro de los vecinos y de lugar de juego para los críos. Pero no hay niños, ¿o tal vez no salen de sus casas?

En mitad del silencio que el paso del tiempo parece haber dejado en herencia a esta parte del pueblo, escuchamos por fin una risa infantil; doblando la esquina, frente a uno de los pocos edificios nuevos que se levantaron en el barrio durante el boom inmobiliario, encontramos a la niña. Mientras la contempla desde el portal, su madre nos cuenta que se ha criado en San Roque, correteando siempre por aquellas calles y los huertos aledaños. Se compró allí su vivienda, cerca de la de sus padres, convencida de las ventajas que tiene vivir y ver crecer a los niños en un lugar tan tranquilo. Le hablamos de la Estación, de la reciente rehabilitación del edificio y del interés de la Fundación por dar voz a los vecinos del pueblo a la hora de programar actividades. No sabía nada… y tampoco se extraña por ello, pues dice que en Beniaján nunca se publicitan lo suficiente los eventos que desarrollan los distintos colectivos: “Hay poco movimiento y, del que hay, no nos enteramos o nos llega tarde la información”, se lamenta. Le gustaría que hubiese más actividades deportivas enfocadas a los jóvenes, y también infantiles, pues ahora mismo está llevando a su hija hasta otro pueblo tras no encontrar ninguna en el suyo. De su charla rescatamos muchas palabras muy interesantes, como esa sentencia en que nos dice que “ante la inmigración, no hay que buscar lo que nos separa, sino lo que nos une”.

Frente a la puerta del emblemático Chamboy, cerrada desde hace ya varios años, nos despedimos de San Roque. La imagen que ofrece hoy el que en  otro tiempo fue el más famoso y concurrido ventorrillo de la comarca, bien resume la situación de un barrio que habrá de poner especial interés en sacar brillo a sus virtudes, las muchas que tiene, para afrontar el futuro con optimismo.

Propuestas a pie de calle

En la Calle de Mínguez, tres adolescentes hacen cabriolas con sus bicicletas hasta que uno de ellos, con la curiosidad de quien quiere ver lo que unos desconocidos van apuntando y fotografiando acerca de su barrio, se detiene y llama la atención de sus amigos. Lo entrevistamos y, de entrada, tampoco él conoce de la existencia del nuevo centro La Estación. Probablemente, por su edad, quizá no sepa que Beniaján tuvo alguna vez estación ferroviaria. Sin tapujos, nos desvela su interés por que haya en el pueblo un lugar donde poder cantar y enseñar los palos flamencos, que confiesa dominar con cierto orgullo. Es su propuesta; y al hacerla, nos imaginamos por un segundo la decimonónica estructura de hierro de nuestra estación, como si del mismísimo Mercado de La Unión se tratara, cobijando bajo su nave un cante de las minas… beniajaneras.

P., en la Calle Brazal, manifiesta la necesidad de que Beniaján vuelva a tener su Asociación de Vecinos como ente aglutinador de iniciativas y vía de canalización de las demandas de los habitantes, pues, a su parecer “aquí, lo que falta es ciudadanía”. Como persona comprometida, son muchas las ideas que rondan su cabeza… y más ahora que está jubilado. Nos habla de talleres artesanos que transmitan oficios a los jóvenes, o de espacios dedicados a que los vecinos hablen y debatan. El verbo ‘compartir’ aparece como denominador común en cada una de sus propuestas; compartir incluso los problemas, como el que supuso para la zona la llegada de unos inquilinos que dejaron destrozado el edificio de apartamentos recién rehabilitado en el que estuvieron alquilados un tiempo; “situaciones de ese tipo, aumentan las reticencias y merman la voluntad de los vecinos de toda la vida por relacionarse con quienes vienen de nuevas”.

Encontramos a unos jóvenes musulmanes que afirman sentirse integrados en el pueblo. “Nos saludamos, nos decimos hola y adiós con los vecinos”, apuntan.

No es mucho, pero al menos es un principio.

 

 

 

Aurora y Gabriel

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Un paseo por Beniaján. Primeros pasos.

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Comenzamos nuestra andadura y lo hacemos en el entorno más próximo a la estación: la propia estación y sus alrededores. Pero antes de partir, quisimos saber algo más sobre el espacio que nos acoge. Para ello contamos con la presencia de dos personas muy conocidas en Beniaján: Juan Antonio González y Rafael Sánchez Tomás. Su memoria de la estación nos permitió hacernos algunas imágenes e ideas de lo que este sitio llegó a ser y significar para el conjunto de la población. Juan Antonio nos explicó que, entre la estación y el muelle de carga, había tres pequeñas casetas de las que hoy sólo se conserva una: la que correspondía a los aseos; otra era la cantina (siempre abierta) y la tercera una carbonera, donde se almacenaba el combustible que precisaban aquellas viejas locomotoras. Rafael recordaba sus idas y venidas a la estación para múltiples tareas. Entre ellas, ir a recoger pedidos para la farmacia en la que trabajaba. Cuando llegaba un tren con mercancías para ellos, iba cargado de muchas otras cosas para abastecer a la industria de la zona. En este sentido, tanto Rafael como Juan Antonio recordaban imágenes que se han quedado grabadas en su memoria para siempre, cómo por ejemplo, la forma en la que se descargaba el ganado porcino que llegaban en abarrotados vagones de madera e inundaba con su sonido y algarabía los andenes que ahora pisamos vacíos. O aquella remesa de más de 200 ataúdes apilados junto a la nave de carga listos para iniciar el viaje hacia su venta. La estación era un lugar de llegada y de partida. Siempre gente nueva que venía con noticias de otros lugares o se llevaba las de Beniaján para contarlas allí donde el tren les llevara. Junto a ellos, también prensa y correo, que dejarían su primer impacto en Beniaján. Juan Antonio aún se fue más lejos en el tiempo y nos dio otra foto: el uso de la estación como centro de operaciones del revolucionario Antonete Gálvez.

Se trataba en esta sesión de conocer un poco la historia de este lugar para saber de dónde partimos y qué importancia ha tenido este lugar para la población. El testimonio de nuestros dos colaboradores demuestra lo mucho que este sitio significó. Dicen que los niños venían a jugar al fútbol en la explanada que quedaba entre la nave de carga (actual centro de acción comunitaria La Estación) y las vías muertas junto a las naves industriales, haciendo este espacio suyo desde bien pequeños. Los jóvenes venían a pasear bajo los árboles que jalonaban toda la orilla de la vía o a aprovechar el alejamiento de la población y los vagones vacíos como escondites para escarceos amorosos. Y, por último, se venía a mirar, sólo a mirar: a ver el mundo llegar a tu pueblo.

Con esta información, nos hicimos una idea de lo que en tiempos fue este lugar: mucho más que un lugar de paso.

Así nos gustaría que volviera a ser. Un lugar de referencia, un lugar de apropiación para la gente de Beniaján, un lugar de encuentro entre jóvenes y mayores, mujeres y hombres, gentes venidas de acá o de allá, los que están llegando y los que se van… Un lugar para crear y para repensar el mundo desde la diversidad.

Por eso queremos saber el origen del lugar: para que el futuro se asiente sobre los pilares sólidos de la tradición y sobre esta base vaya desarrollando su nueva andadura en el siglo XXI.

Y ahora vamos a conocer el presente y empezar a idear el futuro. Y para ello nada mejor que salir a la calle cuaderno en mano para recoger las impresiones de la población sobre Beniaján.

Y eso es lo que haremos a partir del próximo miércoles. Si nos ves por la calle y nos acercamos a ti, escúchanos y déjate oír. Cuantas más opiniones y voces recojamos, mejor será nuestro trabajo.

Gabriel Nicolás y Aurora Lema

Y si quieres saber más, anímate y pásate el miércoles a las 6 de la tarde por La Estación.

Nueva Web para el Centro Cultural y Comunitario

La Estación | Arte y Acción Comunitaria, inauguró el jueves 19 de septiembre su propio espacio en la red de redes.

Con esta web el centro cultural y comunitario quiere dar cabida a todo tipo de realidades y manifestaciones sociales mediante el Arte y la Cultural.

Un portal donde expresarse y sobre todo donde hacer un viaje hacia la propia acción social. No perdáis la oportunidad y subiros al tren!

INSTALACIÓN «La fragilidad de migrar» Rossy de Palma & Agustín Vidal

[toggle title=»FICHA»]FECHA: 21/06/13 al 9/10/13

HORARIO VISITA : Martes a Viernes de 17 h a 20h

PÚBLICO: todas las edades

ENTRADA: Gratuita

AUTORES: Rossy de Palma & Agustín Vidal[/toggle]

 

[title]La fragilidad de Migrar[/title]

Visitar esta Instalación, podéis venir de Martes aViernes por las tardes.

Una instalación conceptual sobre la vulnerabilidad del viaje   en las rutas migratorias.

 

 

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